La industria latinoamericana enfrenta el reto del bajo consumo, pero hay signos de reactivación de la producción

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Para que la región salga fortalecida de la crisis, es necesario el esfuerzo conjunto de los gobiernos y las industrias

Alacero – São Paulo, Brasil, julio de 2020.  América Latina enfrenta la mayor crisis de su historia moderna y se encuentra en un momento de transición con señales de reactivación económica, pero a la vez con dificultades para controlar la pandemia. El impacto de la crisis derivada del COVID-19 se refleja principalmente en el consumo de acero, que disminuyó un 30% en abril con respecto al mismo mes del año pasado y el 11% en el acumulado del año. La caída más grande se dio en Argentina, la misma fue del 83% con respecto a abril de 2019.

Sin embargo, uno de los indicadores de la recuperación es la producción de acero crudo de mayo, que, si bien cayó el 29% en comparación con mayo del año pasado, subió el 8% en comparación con abril de este año, básicamente gracias a Brasil. En mayo, la producción de acero crudo cayó un 17% en el acumulado del año.

Comparativamente la industria siderúrgica mundial redujo su producción de acero crudo en 5,2% hasta mayo de 2020, con relación al mismo periodo de 2019, mientras que en China subió el 1,8%. Con respecto al mes pasado, el mundo registró un incremento del 9,1%, impulsado por China, que tuvo un aumento del 8,5%.

Estamos entrando a una etapa de transición, en la cual todavía no está clara la dirección para el corto plazo, ya que observamos algunos signos positivos, pero se mantienen los negativos. Debido a la contracción económica, la demanda mundial de acero se estima que podría disminuir un 6,4% en 2020 y recuperarse un 3,8% durante 2021. Esta reducción se debe principalmente a la caída generalizada en todos los países, con excepción de China, que crecerá el 1% en 2020.

Importaciones desleales y producción local

Durante el primer trimestre las importaciones como porcentaje del consumo alcanzaron el 35%, mientras que en abril se incrementaron hasta el 41%. La producción local en el primer trimestre, por su parte, representó el 81% del consumo, pero en abril fue solo del 74%. Esta sustitución de producción por importaciones en las condiciones actuales de crisis debe ser un llamado de atención a los gobiernos para enfrentar esta problemática. “Tenemos que advertir que ahora, más que nunca, es necesario evitar las importaciones desleales, como las que provienen de China, y fomentar el consumo interno. Es momento de que gobiernos e industria trabajen para crear condiciones con el fin de poder salir fortalecidos luego de este periodo, en términos de fomento a la infraestructura, cadenas de valor y fortalecimiento del tejido industrial que es el generador de empleo”, dijo Francisco Leal, Director General de Alacero. 

América Latina está en dificultades porque no tiene una capacidad económica suficiente para enfrentar la crisis de salud pública y algunos gobiernos no han aplicado todas las acciones necesarias para atenuar la difícil situación. Hay ejemplos de países, como Singapur, que se pueden considerar modelos a seguir, ya que además de usar la tecnología y de dedicar recursos (20% de su PBI), se han implementado medidas fiscales como la suspensión temporal de impuestos (IVA, personas físicas y jurídicas), apoyo a la nómina de las empresas para prevenir despidos, cambios a los estatutos de incapacidad por salud con una mayor contribución por parte del gobierno, ayuda directa a microempresas y economía informal sin obligación de devolver préstamos, entre otros. En estos países las economías presentaron señales más rápidas de recuperación.

T-MEC: Positivo, pero a mediano plazo

El pasado 1° de julio se inició la vigencia del nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que puede ser una oportunidad para atraer inversiones y ayudar a la reactivación económica de México. Sin embargo, esto debe acompañarse con una política económica gubernamental que estimule el ambiente de negocios e inversión.

La reformulación de los términos del tratado, que incluyen sueldos, cuestiones laborales y ambientales, debe ser bien analizada para evitar que se convierta en una oportunidad perdida de reemplazar a China o Asia en las cadenas de valor de América del Norte. Para que el nuevo tratado comercial sea un instrumento que promueva el desarrollo económico y social, debe estar acompañado por un gobierno que brinde seguridad jurídica y respeto por el estado de derecho.

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